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En Haïti

Est-ce que le président a le sida ?

Entrevue en espagnol du cinéaste Arnold Antonin, président de l'Association Haïtienne des Cinéastes. Article paru dans La Jiribilla, Revista de cultura cubana - juillet/août 2007



 Hace bastantes años que conozco a Arnold Antonin, destacado intelectual haitiano, fundador y director del centro cultural Pétion-Bolívar, cineasta, y en la actualidad Presidente de esa asociación de creadores en su país. Es un ser humano de gran sensibilidad, entendido el término en dimensión "globalizadota" y no solo artística. Es también hombre de pensamiento ancho y hondo al mismo tiempo, de inquietudes político-sociales trascendentes, y un ecuménico sentido de la cultura. Ha padecido la amargura del exilio antiduvalierista y, una vez de regreso a casa, ha seguido alentando en él, mediante acciones, el afán regenerador por su pueblo, consciente como está del enorme camino que ha de recorrer aún.
 

Tuve oportunidad especial de dialogar larga y sistemáticamente con él  a fines de 1996, cuando cumplí una invitación profesional que se me extendió para visitar Haití con el objetivo de dictar conferencias en la Universidad de Puerto Príncipe y otros centros docentes y culturales, entre ellos el Pétion-Bolívar. Cuanto in situ pude ver ―no poco, en verdad― a lo largo de seis semanas intensas, aprender, conocer y pensar de otro modo; las experiencias, en fin, por mí vividas (entre ellas una relectura que advertía distinta ―desde el seno de una cultura poderosa ya no referencial ni solo desde el libro― de El reino de este mundo y su emblemático prólogo); la coincidencia de mi viaje con las conmemoraciones por el vigésimo aniversario de la estancia de André Malraux y de su muerte meses después en Francia; todo en fin, ha sido inolvidable y enriquecedor. En tal contexto se produjeron mis pláticas con Arnold Antonin. Después nos hemos visto y charlado varias veces en La Habana.
    

Y el pasado mes de junio sesionó aquí, durante unos días, el Congreso Cultura y Desarrollo, que incluyó la exhibición de una muestra itinerante de cine caribeño. En ella fue presentada la película haitiana ¿Tiene SIDA el Presidente?, largometraje de ficción (basado en hechos reales) dirigido por Arnold Antonin.  Se encontraba él entre nosotros, y el tema de su filme se advertía importante e incitador tanto por su índole, como por el escenario.
 

Me parece indispensable para el lector un breve acercamiento preliminar a la figura que nos ocupa. Entre las visitas que nos ha hecho Arnold Antonin (Puerto Príncipe, 1942), alguna ha sido como Jurado en nuestros festivales de cine. Se autodefine como militante del socialismo democrático y su obra recoge acentuadas percepciones sociales y políticas, desde una perspectiva artística cuando hace cine, y con notable rigor analítico al exponerlas en lúcidos ensayos. Haití, sus circunstancias y destino, se hallan en el centro de este quehacer y también de sus angustias. Además de cineasta, es profesor universitario y de la Escuela Nacional de Artes, y un sistemático organizador-promotor de debates.  Hombre estudioso de carreras diversas, en 1970 obtuvo un doctorado en economía y comercio por la Universidad de Roma, y en 1983 alcanza una maestría en derecho económico e internacional por la Universidad Central de Venezuela. También en 1986, año en que regresa a Haití luego de largo exilio, organiza el Forum Libre du Jeudi, espacio pluralista de reflexión en el centro Pétion-Bolívar.
 

A lo largo de su extensa filmografía Antonin ha venido madurando, y podría decirse que ya hoy revela con firmeza los elementos cardinales de un personal estilo. Su primer filme, Duvalier acusado (1974), fue un cortometraje en blanco y negro de 20 minutos en formato de 16 milímetros. En 1975 aparece Duvalier condenado (40 minutos) y realiza el primer largometraje haitiano, de dos horas, en el mismo formato: Haití, el camino de la libertad, película de amplia difusión en el mundo y portadora de una fuerte denuncia contra la dictadura de Duvalier.  Al año siguiente hace su primer filme en colores: Arte naïf y represión en Haití (45 minutos, 16 mm). La siguiente realización será en 1980: ¿Puede un tonton-macoute ser un poeta? (35 min, color, 16 mm), con la cual obtiene en Venezuela el Premio al Mejor Cortometraje. En 1982 publica en Caracas el libro Material para una prehistoria del cine haitiano.  Entre 1984 y 2006 se suceden numerosos filmes. Cabe mencionar Veinte años de trabajo con los pobres (1988, 45 min, color, video), La droga no perdona (1989, 15 min, color, video), Puerto Príncipe, la Tercera Guerra Mundial ya tuvo lugar (1993, 15 min, color, video), Coraje de mujer (2000, 17 min, color, video), La dignidad de los ancianos (2001, 15 min, color, video), Pirulí y el bandido (2002, ficción, 90 min, color, video), Carnaval de la juventud contra el SIDA en Jacmel (2003, 15 min, color, video), Economía de la supervivencia (2004, 26 min, color, video) y Cojonudos contra Atila u ¿otro Haití es posible? (2004, 100 min, color, video). En el año 2006 fue realizado el filme motivador de esta entrevista, ¿Tiene SIDA el Presidente? (ficción, 123 min, color, video).
 

La amplia obra de Arnold Antonin le ha llevado a asistir a diversos festivales donde  han sido presentadas algunas de sus películas, y también a desempeñarse como jurado. Ha recibido varios galardones, y fue honrado en el Festival de Cannes 2002 por el conjunto de su obra y por su documental Coraje de mujer. En el presente año 2007 obtuvo el Premio Paul Robeson al mejor filme de la diáspora africana Fespaco  y el Premio del Comité de Lucha Contra el SIDA de Burkina Faso, así como una mención especial del jurado del Festival Vues d’Afrique et Images de la Caraibe de Montreal  por ¿Tiene SIDA el Presidente?

 

Como se aprecia, Antonin ha transitado un largo camino cinematográfico que permite hablar de temas y marcas que definen una estética propia. En la entrevista que sigue, habrá oportunidad de advertir ―aun dentro de respuestas breves— una honda capacidad de reflexión, análisis y sentimientos que, a no dudar, son relevantes elementos caracterizadores de su creación artística. Valdría la pena, a mi entender, la reposición del filme que se comenta, para provocar miradas más detenidas sobre él, incluyendo el interesante componente musical y danzario ―tan afín al cubano― que el propio argumento se encarga de mostrar. Me ha parecido, en resumen, de importante interés cultural acercar a nuestros lectores y espectadores a esta figura, ahora en sus propias palabras.

 

¿Cómo ubicas esta película dentro de tu filmografía y de tu trayectoria intelectual?
 
He realizado sobre todo documentales, entre ellos varios sobre el problema del SIDA en Haití, que es muy serio. Quise hacer una película que llegara a un público más amplio y tocara cuerdas más emocionales. Por eso me lancé en la realización de este film.

 ¿Cómo surge y va tomando cuerpo la idea de hacerla?
 
Hay un cantante en Haití que se autodenominó Presidente de la música popular de Haití, el “compas”,  y que se comportó siempre como un  “Star”. A su alrededor, aunque es un buen padre de familia, se creó toda una leyenda alimentada por él de ser un mujeriego dominado por todos los vicios. Pensé que su historia podía ser la historia de un antimodelo a partir del cual construir una historia positiva. Finalmente no se pudo realizar con él como actor principal, pero decidí seguir adelante con la idea.
 
Me puse a escribir el guión con un muy buen amigo, escritor de increíble imaginación y conocedor de la realidad haitiana, Gary Victor.

 
¿Con qué recursos contaste para su realización?

 
Tuve el apoyo de la ONUSIDA, de la Unión Europea y de empresas e instituciones haitianas. Pude realizar esta película con solo 105 mil dólares, hasta la producción de los DVD.

 
¿Dónde filmaste los exteriores e interiores?
 
Todo en Puerto Príncipe y en Pétion-Ville. Los barrios pobres y en los barrios altos.

 
¿Pudieras hablarnos de los actores y actrices?
 
Todos los actores y actrices son haitianos. Solo el actor principal vive en Los Angeles, Jimmy Jean Louis, quien ha trabajado en películas de Hollywood. Los otros han trabajado en otras películas haitianas, pero no se pueden considerar como profesionales. Sin embargo, la crítica y público han sido unánimes en declarar que Jessica Geneus, la actriz principal, y Ricardo Lefevre, así como Chantal Pierre-Louis, Manfred Marcelin, Nadege Telfort, Reginld Lubin, Riche Kenskoff, eran todos muy buenos.

 
¿Cuál ha sido la recepción del filme por el público haitiano, y por otros auditorios?
 
La película ha tenido una gran recepción del público en Haití, donde estuvo en cartelera ocho semanas en el período más cruel de la inseguridad que haya vivido el país. Se estrenó el 14 de julio de 2006. En el exterior ha pasado por muchos festivales y siempre he visto el público reaccionar con mucho entusiasmo.

 
¿Se ha ocupado de tu película la crítica especializada?
 
En Haití, siendo el cine muy incipiente, la crítica es muy descriptiva. Sin embargo, han tenido palabras muy elogiosas. Por ejemplo, el escritor Herold Jean-François llegó a decir que era la mejor película haitiana. Laennec Hurbon, famoso antropólogo haitiano, escribió un artículo muy positivo sobre el contenido y la forma de la película.

 
¿Te propusiste establecer una suerte de dialéctica reflexiva “responsabilidad social – responsabilidad individual”, tanto cuando tratas sobre el SIDA como en otros conflictos planteados en el filme?

 
Sí, evidentemente, y más que nunca en la sociedad haitiana de hoy, donde se han perdido todos los parámetros, es necesario.

 ¿Percibes determinado  didactismo en la película?
 
Puede ser, porque es una película que hice para contribuir a luchar contra el SIDA, pero no creo que eso la haya hecho aburrida.

 Varios personajes evidencian una perspectiva crítica hacia las condiciones en que vive su país. Otros, simplemente, se aprovechan de las circunstancias. ¿Acaso es este otro modo de ser crítico?
 
La película evidentemente es también una crítica social. En una sociedad donde todo lleva a la prostitución y a la corrupción, donde el dinero, la arrogancia y la prepotencia quieren imponerse a todo con la complicidad y la inconciencia de todos, solo una joven mujer resiste y dice “no”.

¿Dirías que existe una psicología naïf en el trazado y desenvolvimiento de los personajes? De ser así, ¿cómo explicarla?
 
En Haití la psicología naif existe en la realidad y seguramente se refleja en los personajes y en su vida.

 ¿Has advertido, o te han mencionado, si el público percibe e interpreta correctamente los disparos en sordina, presentes más de una vez a lo largo de la banda sonora?
 
Sí, creo que entendieron que estos disparos marcaban las circunstancias en las cuales se rodó el filme.

¿Es compasiva la forma de mirar a tus compatriotas?
 
No diría eso. Diría que más bien los miro con lucidez y solidaridad. Evidentemente, tengo un interés humano por los personajes aún los negativos y eso pasa también en mis documentales, excepto por los fascistas y dictadores.

 
¿Por qué incluiste las escenas donde la policía arresta a delincuentes comunes?

Porque a pesar de la corrupción de la misma policía en Haití, hay que decir que tiene  que oponerse a los delincuentes y este era un modo de decirlo.

Eres explícita y duramente crítico al presentar asuntos relacionados con la corrupción y la religiosidad popular aun en su diversidad. ¿Te introdujeron estos abordajes en zonas demasiado problemáticas?
 
En un cierto sentido sí,  pero soy uno de los que no ha creído nunca en el modo folclórico como se tratan las cuestiones relacionadas con la religión en un país dominado por la mentalidad mágica y el oscurantismo medieval. Además estas alusiones al comportamiento de algunos individuos en diferentes religiones están basadas en hechos reales.

 
¿Ha cumplimentado la película con tus objetivos y expectativas?
 
Pienso que sí y en el FESPACO, donde ganó el Premio Especial de la Asociación de Lucha contra el Sida de Burkina Faso, dijeron que era una contribución universal a la lucha contra el SIDA y en particular en los países del Tercer Mundo. Hay que decir que ganó también el Premio Paul Robeson  de la Mejor Película de la Diáspora Africana, también en el FESPACO y que el crítico francés Olivier Barnet escribió que es un filme que ha logrado la difícil alianza de ser popular y comprometido a la vez.

 
¿Cómo valoras el momento actual para la cultura haitiana?
 
La cultura sigue siendo desde todos los puntos de vista uno de los terrenos más interesantes en Haití, por la creatividad de los artistas haitianos y por la riqueza cultural original del pueblo haitiano. Sin embargo, es una cultura también en crisis por la desagregación de los estilos de vida tradicionales y el desmoronamiento de la economía y su contacto con el exterior a través de la TV. La ideología dominante se está volviendo la de los video-clips afroamericanos.
 

Los creadores de bienes culturales emigran o cambian de oficio a menudo. Hay que decir, sin embargo, que sin gran contenido cultural, el cine-video haitiano, ha tenido una gran expansión.

 
¿Qué proyectos y planes profesionales tienes?
 
Estoy haciendo un documental sobre la figura de Aubelin Jolicoeur, un cronista mundano haitiano, inmortalizado por Graham Greene en su novela Los Comediantes, como Petit-Pierre. Otro sobre Herby Widmaier y la música haitiana de los años ’50 - ’60. Otro sobre la vida y obra del escritor y político haitiano Jacques Roumain y dentro de dos semanas empiezo a rodar otro largometraje de ficción Los amores de un Zombie.

 
¿Qué hace hoy y cuáles son las perspectivas del Centro Pétion – Bolívar?
 
El Centro Petion-Bolívar está cumpliendo 21 años en Haití. Sigue haciendo los Forum Libres del Jueves desde hace 20 años, alentando a la gente a reflexionar sobre los problemas vitales del país, organizamos Talleres de Formación sobre el desarrollo económico, político y cultural. Somos la sede de la Asociación Haitiana de Cineastas de la cual soy el Presidente y producimos audiovisuales.

 ¿Deseas añadir algo a lo dicho?
 
Mando un gran saludo a todos los amigos cubanos, cineastas y hombres de cultura que siempre han  acompañado y ayudado con tanto interés las actividades culturales en Haití.

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Jeudi 19 Juin 2008
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